El poder de las creencias
Las creencias son perspectivas, principios de guía, juicios y decisiones sobre nosotros mismos, sobre la gente que nos rodea, sobre el mundo en que vivimos y sobre su funcionamiento. Tus creencias filtran lo que ves, lo que oyes y lo que sientes, y como resultado determinan el significado que asocias a cada suceso en concreto, aunque se trate de una sencilla frase pronunciada por alguien. Las creencias son un potente generador de significado en tu vida.
Las creencias actúan como profecías autocumplidas. Tus creencias, ya sean limitantes o capacitantes (te limiten o te ayuden), determinan tus actos, y tus actos verifican y refuerzan tus creencias en un bucle autocontenido. A medida que pasa el tiempo y obtienes más evidencias, tus creencias se arraigan cada vez con más fuerza y parecen cada vez más reales.
Las creencias operan en el nivel de “estructura profunda” de la experiencia e influyen la “estructura superficial” de nuestros pensamientos y comportamientos. Aunque somos conscientes de muchas de nuestras creencias, en general nuestras creencias más arraigadas e influyentes operan fuera de nuestra percepción consciente. Hay algunas creencias que vemos como verdades absolutas y que nunca cuestionamos, y nos decimos “Así es como son las cosas”. Un cambio en nuestras creencias puede tener un gran impacto en cómo vivimos nuestras vidas y en los comportamientos que manifestamos.
Una vez que creemos en algo, tendemos a ignorar las evidencias en contra y aceptamos sólo aquella información que refuerza esa creencia.
“Tanto si crees que puedes como si no, estás en lo cierto”
—Henry Ford
Las creencias pueden tener un efecto muy significativo sobre nuestras vidas, y también sobre nuestra salud. En el libro “PNL y salud”, los autores ilustran este extremo muy bien con numerosas referencias a casos médicos. Por ejemplo, en una típica situación clínica, aproximadamente el 35% de los casos experimentan el mismo efecto de la morfina que de un placebo. ¿Por qué? Sencillamente porque creen que va a funcionar. Tal puede ser la potencia de una creencia.
¿Estás siendo limitado por tus creencias?
En un punto de la historia, la mayor parte de la gente pensaba que la tierra era plana (y es posible que aún haya quien lo crea). Para verificar esta creencia sólo tienes que mirar al suelo bajo tus pies; es plano. A lo lejos puedes ver valles y montañas, pero se trata sólo de ondulaciones en una superficie plana. Toda la tierra está rodeada por agua, y es bien sabido que, si navegas lo suficientemente lejos, terminarás por caer al final del mundo. Esta evidencia se verifica por todos aquellos marineros que emprendieron rumbo al fin del mundo y nunca volvieron. Los que lo sí que volvieron, simplemente no fueron lo bastante lejos.
En aquel tiempo, la idea de una tierra plana era muy útil para explicar y predecir fenómenos en un área determinada y, lo más importante, mantenía a la gente tranquila y segura. Sin embargo, esta creencia también impedía que algunos se alejaran demasiado de tierra firme y resultaba por tanto muy limitante. En el párrafo anterior, date cuenta de cómo una creencia puede ser utilizada para explicar ciertos sucesos y probar así su propia validez.
Para que la humanidad pudiera avanzar, fue necesario que algunas personas cuestionaran esta creencia y arriesgaran sus vidas. Al hacerlo, permitieron a la humanidad explorar otras posibilidades y crear nuevas teorías científicas más amplias (nuevas creencias) que las generaciones venideras pueden encontrar tan limitantes como la idea de un mundo plano.
¿Tienes creencias del tipo “tierra plana” que te mantienen tranquilo y a salvo y que también evitan que explores tu verdadero potencial? ¿Eliges darte cuenta solamente de aquellos sucesos que son predichos por tus creencias limitantes y después utilizas estas observaciones como prueba de que tus creencias limitantes son, de hecho, ciertas? ¿Es hora de salir de tu zona de tranquilidad y navegar hacia el horizonte? ¿Es hora de retar las fronteras de lo que crees que sabes y descubrir nuevas tierras y oportunidades? ¿Existe una realidad más allá de aquella en la que vives?
¿De dónde vienen nuestras creencias?
“No hay hechos, sólo interpretaciones”
—Nietzsche
La mayor parte de nuestras creencias provienen de la época en la que éramos niños. No están basadas en hechos, sino en nuestra percepción de los hechos que sucedieron en el momento en que estas creencias se formaron. Imitamos y aprendimos de las personas que tenían un papel importante en nuestras vidas (padres, hermanos, profesores, ídolos…). Hicimos generalizaciones a partir de experiencias traumáticas o a través de la prueba y el error, aceptando aquellas creencias que nos proporcionaban placer, nos alejaban del dolor o nos proporcionaban una sensación de seguridad. Aceptamos lo que nos decían sobre nosotros mismos (eres estúpido o incompetente, o puedes conseguir todo aquello que deseas).
Muchas de nuestras creencias limitantes están basadas en malinterpretaciones de sucesos pasados. Como niños, no contábamos con todos los recursos de que disponemos hoy en día, ni tampoco de una percepción más completa de los hechos. Si fuimos maltratados por nuestros padres, seguramente lo tomamos de manera personal y aceptamos erróneamente la responsabilidad de sus acciones, asumiendo que fueron nuestros actos los que causaron la situación. Al aceptar la responsabilidad, y deseando evitar experiencias similares en el futuro, nos dijimos “No volveré a hacerlo”, limitando nuestra capacidad de expresión y lo que es posible para nosotros.
Cuando hablo de sucesos pasados, hablo tanto de experiencias situadas en la infancia y en la adolescencia, y también de sucesos que tuvieron lugar hace o un mes, hace una semana o ayer mismo. Siguen siendo sucesos pasados igualmente. ¿Y si aquello tan desagradable que te sucedió la semana pasada pudiera tener otra interpretación? En virtud de las evidencias, ¿eres capaz de encontrar nuevos significados para la experiencia que te resulten más útiles? Quizá estuvieras equivocado en tus conclusiones.
Para ilustrar la facilidad con la que se puede establecer una creencia fundamental, piensa en cómo se entrena a los elefantes. A menudo se les ve atados simplemente con una cuerdecilla y una estaca en el suelo. ¿Por qué no rompen la cuerda o tiran de ella y escapan? Sencillamente, han sido condicionados para aceptar que no pueden.
Cuando los elefantes son jóvenes, se les ata con una cuerda mucho más resistente y a una estaca de la que no pueden escapar. Después de muchos intentos inútiles, aceptan que no importa lo que hagan: nunca podrán escapar. Aunque esta limitación no es real, restringe su movilidad incluso en situaciones de peligro. Una vez instalada la creencia, una endeble cuerdecilla es suficiente para mantenerlos cautivos.
De la misma manera en que lo hacen los elefantes, ¿qué límites aceptaste cuando eras un niño que ahora limitan la manera en que vives tu vida y, por tanto, tus sueños y aspiraciones?
Revisa a menudo tus creencias, porque pueden estar limitando tu vida de una manera que ni imaginas. Y ponlas a prueba. Todos los días. A menudo es muy agradable descubrir que uno estaba equivocado.