Los cinco pasos hacia el éxito

Cuando perseguimos una meta o un objetivo, cuando estamos tratando de lograr un resultado en nuestras vidas, seguimos (consciente o inconscientemente) cinco sencillas directrices:

  1. Tener un resultado en mente
  2. Ponerse manos a la obra
  3. Usar nuestra agudeza sensorial
  4. Ser flexibles
  5. Tener la fisiología y la psicología de la excelencia

Imagina que quieres, por ejemplo, atarte un zapato. Tienes una idea del resultado que quieres lograr. Te pones manos a la obra. Empleas tu agudeza sensorial para sentir y ver los cordones y saber qué estás haciendo exactamente con ellos. Si surgen pequeños inconvenientes, los resuelves de la mejor manera posible. Y por último, lo haces de la mejor manera posible dadas las circunstancias, y además estás comprometido a seguir hasta el final. Evidentemente, atarse un zapato, a estas alturas de la vida, es un objetivo poco ambicioso a menos que te estés rehabilitando de un accidente de moto; pero constituye un buen ejemplo de proceso hacia el éxito.

Hacer uno, dos, tres o cuatro de estos pasos no es suficiente. ¿De qué sirve ponerse a hacer algo si no tienes un resultado en mente? ¿De qué sirve tener un resultado en mente si no vas a ejecutar las acciones necesarias? ¿Cómo vas a lograr el resultado si ignoras o no buscas el feedback del proceso? ¿Podrás lograr el resultado si no eres flexible ante los obstáculos? ¿Cuántas veces has perdido algo por no haber sido lo suficientemente flexible a la hora de obtenerlo?

Veamos estas cinco directrices en más detalle:


1. Ten un resultado en mente

En PNL preferimos denominar “resultado” a un objetivo o meta. Esto elimina algo de la presión y el sentido de finalidad que está implícito a la palabra objetivo, permitiendo además añadir más flexibilidad.

Necesitas, y esto es realmente importante, tener un resultado en mente para cualquier cosa que hagas, por pequeña que sea. Elegir no hacer nada o andar perdido por la vida es un resultado en sí mismo, aunque sea adoptado de manera inconsciente. Si no tienes un objetivo para el día de hoy y encuentras a un amigo que sí que lo tenga, lo más probable es que acabes haciendo algo para que él lo consiga. Y es posible que, de manera evidente o no, te enfades con tu amigo por haberse aprovechado de ti cuando en realidad has sido tú el que ha preparado el escenario para que suceda. Sé consciente de las decisiones que estás tomando en tu vida y las consecuencias, positivas o negativas, que de ello se desprenden. Si tú no te responsabilizas de tu propia vida, alguien lo hará.

Si no tienes tus propios planes, terminarás siendo un peón en los planes de otros. Y acabarás sintiéndote frustrado, resentido y amargo, buscando culpables fuera cuando lo cierto es que tú eres el único culpable.

¿Qué es lo que quieres obtener leyendo este artículo? Si simplemente es leerlo, entonces felicidades; ¡lo estás consiguiendo! Yo te aconsejo otra alternativa: mientras lees cada sección, encuentra una idea que, si la adoptaras, cambiase tu vida para mejor.

Es realmente importante partir con un resultado porque ayuda a la mente inconsciente a enfocarse, explorando y movilizando los recursos de una manera mucho más eficaz y creativa. Permite mantenerse centrado en el proceso, eliminando distracciones y concentrando la energía de la que dispones.


2. Ponte manos a la obra

Mucha gente tiene un resultado que quiere lograr pero no emprende las acciones necesarias para conseguirlo. Se trata de un desperdicio de tiempo y otros recursos. A menudo hablamos o escuchamos hablar a otros apasionadamente sobre construir o conseguir algo importante, pero también a menudo evitamos comprometernos con ello y se queda en una ilusión.

Evita planear resultados que después no vas a perseguir. Si lo haces, estás desperdiciando tu tiempo y tu energía, y además estás socavando la confianza de otros en ti y tu propia confianza en ti mismo. Si no lo vas a hacer, simplemente ten el coraje de descartarlo desde el primer momento. Aprende a comprometerte con aquello que de verdad deseas para ti.


3. Utiliza tu agudeza sensorial

Para saber que estás avanzando en tu camino necesitas saber adónde quieres llegar. Una vez sabes adónde quieres llegar, necesitas una manera de saber que estás haciendo progresos. Si no te detienes a evaluar tus progresos, podría suceder que te estuvieras desviando. Podría incluso suceder que ya estuvieras obteniendo lo que deseas y ni siquiera lo sepas. O incluso, en el extremo, podrías estar avanzando en dirección contraria. Necesitas por tanto una manera de medir tus progresos y tener la certeza de que te aproximas al resultado que estabas deseando.

Imagina que estás conduciendo por una autopista y encuentras una señal que te indica claramente que estás fuera de la ruta que tenías prevista. Puedes tomar nota de esta información o, como hacemos a menudo en la vida, ignorar la señal y seguir conduciendo. ¿Has hecho algo así alguna vez? Yo sí, en particular cuando no he estado prestando atención a lo que realmente es importante para mí y a lo que estoy haciendo en mi vida, y también cuando no he estado preparado para admitir que había cometido un error.

Desarrolla y utiliza, pues, tus sentidos para recoger información sobre tus avances y asegúrate de que sigues en la dirección que te lleva al resultado que deseas obtener.


4. Sé flexible

Algunos vemos las señales de la vida claramente, pero elegimos no admitir que necesitamos cambiar de dirección o corregir nuestros comportamientos. Otras veces detenemos el coche y damos patadas a la señal, maldiciéndola por decirnos algo que no estamos dispuestos a admitir, para luego volver a subir al coche y continuar en la misma carretera simplemente esperando que todo se resuelva bien de un modo u otro. Otras veces sencillamente no contamos con los recursos necesarios para corregir la situación en ese momento.

En el ejemplo anterior, puedo elegir darme cuenta de que he conducido en la dirección incorrecta y esperar que, si sigo conduciendo el tiempo necesario por esta carretera, al final todo se arregle. Es, con toda certeza, más inteligente, ver la señal y decidirse a explorar qué otras opciones tengo disponibles en este momento. Cuantas más opciones tenga, de más maneras diferentes podré salir de la situación en la que me encuentro.

La flexibilidad, la variedad de recursos, es por tanto fundamental a la hora de lograr resultados.


5. Desarrolla y mantén una fisiología y una psicología de excelencia

La fisiología es la manera en que presentas tu cuerpo. Tus gestos, tu postura, la manera en que respiras… Tus pensamientos y tus representaciones internas afectan tu fisiología. A su vez, tu fisiología afecta tus representaciones internas. Es, por ejemplo, muy difícil sonreír y tener un pensamiento negativo, o dejar caer tus hombros y doblar la espalda y tratar de sentirse confiado y poderoso. Por tanto es muy importante conseguir que tus pensamientos y tu fisiología se manifiesten de manera que te ayuden a conseguir los resultados que persigues. La congruencia es una actitud fundamental a la hora de manejarse por la vida.

Si no tienes confianza, actúa como si la tuvieras. Si no te sientes seguro, actúa como si lo estuvieras. Los ingleses lo resumen en la frase “Fake it until you make it”, que podría traducirse como “Haz como si lo fueras hasta que lo seas”. Si estás hablando en público, te conviene hacer como si estuvieras tranquilo hasta que finalmente te invada la sensación de tranquilidad. Es mucho más efectivo que mostrarse nervioso desde el principio esperando relajarse espontáneamente en algún momento indeterminado.

Si consigues hacer algo en tu mente, tendrás la mitad del trabajo ya hecho. Así pues, asegúrate de que gestionas tus recursos mentales de una manera efectiva durante todo el proceso. Mantener la actitud mental correcta te pondrá en una disposición mucho más adecuada para lograr los resultados que deseas.