La estructura de la realidad

¿Qué es la realidad? ¿Cómo es posible que algunas personas puedan hacer cosas que otros consideran imposibles (fuera de su realidad)?


Tu percepción del mundo es tu realidad

La realidad, tu realidad, es tu percepción del mundo. Esta realidad es una realidad sensorial y es única e intransferible. En artículos anteriores consideramos cómo filtramos la información en función de nuestras creencias, valores, expectativas, etc. Como resultado de este filtrado, posees una percepción del mundo a la que llamas realidad.

Lo repetiré una vez más: tu percepción del mundo es tu propia realidad. Y es única, personal e intransferible. Podría decirse que vivimos, literalmente, en mundos distintos.

Hay un refrán que dice:

“Si quieres cambiar tu vida, primero debes cambiar la manera en que percibes tu vida”

Una experiencia muy impactante para mí tuvo lugar en una de las primeras clases del curso pasado de PNL. Hubo un momento en que la profesora dijo algo que a mí me pareció muy gracioso y me hizo reír. Entonces giré la cabeza, observé al resto de mis compañeros y me sorprendí mucho al ver la enorme disparidad de respuestas. Algunos permanecían serios, otros sonreían, otros reían como yo, y otros parecían, de alguna manera, incluso afectados emocionalmente de manera negativa por lo que acababa de suceder. Me di cuenta de que lo que había hecho la profesora tenía un significado diferente para cada uno de los que estábamos allí. Era como si cada uno estuviera viendo su propia versión de lo que allí sucedía. Yo me alegré de haberme reído. Vivimos en diferentes copias o versiones del mundo, y en aquel momento se me hizo especialmente evidente. Ahora ya ha dejado de sorprenderme.

Para comprender mejor el concepto de realidad y cómo afecta tu vida, podemos dividir todo lo existente en el Universo en las siguientes partes:

 

  • Lo que sabes que sabes: Sabes tu nombre, dónde vives, cuál es tu trabajo, etc. Estas son las cosas de las que tienes absoluta certeza en tu vida.
  • Lo que sabes que no sabes: Sabes, por ejemplo, que existe un deporte llamado rugby, pero desconoces los detalles sobre el mismo. Sabes que existe pero poco más. Lo que sabes que sabes y lo que sabes que no sabes constituyen lo que denominas tu realidad, o tu percepción del mundo. El lugar mental en el que están contenidas todas tus posibilidades.
  • Lo que no sabes que no sabes: Aquí se ubica todo lo demás, y se encuentra, en estos momentos, fuera de tu realidad o percepción del mundo. Desconoces ahora mismo todo lo que no sabes que existe, y además desconoces cómo conocerlo. Es importante darse cuenta de que el hecho de que desconozcas algo no quiere decir que no tenga un efecto sobre tu vida. Por ejemplo, ¿sabías que el recubrimiento de tu estómago se renueva cada cinco días?

Evidentemente, lo que no sabes que no sabes convierte, por comparación, tu percepción personal de la realidad en algo ínfimo. Darse cuenta de todo lo que uno desconoce despierta inmediatamente la curiosidad que caracteriza la infancia.

La realidad posee además un efecto fractal. Descubrir un nuevo pequeño detalle da lugar a una comprensión más profunda de la realidad, en un proceso probablemente infinito. Imagina que desconoces los gestos del lenguaje corporal. Es posible que no comprendas muchas de las situaciones en las que te relacionas con otras personas, o quizá estés explicando estas situaciones a partir de una lógica más rudimentaria nacida de tus experiencias pasadas. Si un día te interesas por el lenguaje corporal empezarás a descubrir pequeñas sutilezas, pequeños detalles, que te llevan a una comprensión mucho más profunda del mundo, y sentirás que tu lectura de los acontecimientos es mucho más precisa, permitiéndote en ocasiones incluso hacer predicciones cada vez más acertadas sobre lo que va a suceder en las interacciones humanas. De la misma manera, si comienzas a observar los patrones que emplean las personas para moverse por sus vidas, serás capaz de predecir sus trayectorias vitales cada vez con mayor precisión.


Cuanto más amplia sea tu realidad, más opciones tendrás en la vida.

Si te adentraras en un territorio desconocido, ¿cómo te sentirías?

Imagina que decides por ejemplo ir a Japón. Imagina que no hablas japonés, que nunca has viajado tan lejos, y que de repente eres transportado a una esquina en el centro de Tokio. ¿Cómo te sentirías? ¿Estarías lleno de miedo? ¿confundido? ¿Sentirías aprensión? ¿Tendrías un ataque de pánico? Podría suceder que tu mente se quedara en blanco y no supieras cómo reaccionar. Por otra parte, si tu realidad habitual es viajar a menudo a lugares lejanos, es probable que reaccionaras de una manera completamente diferente, más bien con curiosidad e interés.

¿Cuál es tu reacción típica cuando experimentas este miedo, confusión o ansiedad? Mucha gente se apresura a volver a aquello que consideran conocido y seguro, a su realidad habitual, y evitan iniciar cualquier proceso para explorar nuevas ideas sobre el mundo o sobre ellos mismos. Si lo que deseas es expandir tu realidad y tu potencial en la vida, es necesario que camines hacia lo que no sabes que no sabes.


Los momentos ¡ahá!

Cuando uno se lanza a hacer cosas nuevas, a conocer cosas desconocidas o a explorarse mediante la introspección, a menudo se siente temeroso, confundido, incómodo o ansioso. Esto es una buena señal, ya que eso significa que está explorando nuevos aspectos de la vida, aspectos desconocidos. Es normal sentirse así, aunque es mucho mejor llegar a sustituir esas reacciones por la curiosidad y la voluntad de aprender más para poder llegar a sentirnos cómodos haciendo cosas nuevas.

A menudo, durante estas exploraciones, llegamos a nuevas perspectivas o niveles de comprensión. De repente encontramos una pieza que completa un puzzle y mediante la que conseguimos explicar muchas cosas que antes eran un misterio para nosotros. Me gusta llamar a esos momentos los “momentos ¡ahá!”. Son momentos excitantes en lo que sé que he aprendido algo valioso sobre mí mismo o sobre la manera en que entiendo el mundo.

Un momento ¡ahá! puede ser un fragmento de inspiración, un flash de lucidez o comprensión, o simplemente un sentimiento de paz y la certeza de que las cosas están bien tal y como están ordenadas.

Un momento común, aunque desagradable, es cuando una persona apreciada enferma gravemente o muere. En estos momentos el tiempo parece detenerse y nosotros con él, y es en esos instantes cuando la vida aparece clara ante nosotros y comprendemos cuáles son las cosas realmente importantes en nuestra existencia. Son momentos de gran lucidez en los que la muerte o su proximidad arrojan luz sobre lo que verdaderamente es relevante en nuestras vidas.

La próxima vez que te encuentres asustado, tengas dudas o estés confuso, primero asegúrate de que estás a salvo y luego relájate. Respira profundamente (a menudo tendemos a contener la respiración en estos momentos, lo que sólo empeora las cosas) y permite que tu mente explore la naturaleza de estas sensaciones. Es un gran momento para descubrir nuevas certezas sobre quién eres, tus creencias y tus valores, las estrategias que utilizas para conseguir tus metas o para analizar cómo puedes gestionar situaciones en las que estás creando problemas cuando podrías estar creando resultados más deseables.