El modelo de comunicación de la PNL

El términos simples, el modelo de comunicación de la PNL es un modelo de cómo uno da sentido al mundo y de cómo, a partir de esas interpretaciones, uno manifiesta unos comportamientos determinados.

Se estima que un cerebro humano percibe unos cuatro billones de impulsos nerviosos cada segundo. Evidentemente, no somos conscientes de que toda esta información está siendo procesada. Por ejemplo, ¿eres consciente de cómo sientes tus pies en el interior de los zapatos ahora mismo? A menos que estés notando algún tipo de molestia en esa parte de tu cuerpo, es muy improbable que fueras consciente de estas sensaciones hasta que dirigí tu atención hacia ellas. ¿Por qué? Porque no era una información relevante en ese momento y estaba, por tanto, siendo ignorada. De estos cuatro billones de piezas de información que recibimos cada segundo, la inmensa mayoría son conscientemente ignoradas. De hecho, sólo eres consciente de aproximadamente el 0.00005% de la información que estás percibiendo, de toda la información potencial que están recibiendo tus sentidos. Si fueras capaz de procesar toda esta información te volverías loco o entrarías en un profundo estado de distracción en el que no podrías funcionar de una manera eficiente.


Filtros mentales

¿Qué sucede con toda esta información restante, con toda la información a la que no estás prestando atención ahora mismo? Tu mente la filtra de tu percepción consciente, y lo hace mediante los siguientes mecanismos inherentes a la construcción del cerebro:

  • Omisión: Tu mente elimina información que considera irrelevante. Al suprimir toda esta información, puedes prestar atención a lo que realmente es importante para ti en este momento. La mente consciente sólo puede manejar siete más/menos dos (7+-2) piezas de información de manera simultánea. La mente realiza estas operaciones por motivos de eficiencia, aunque la contrapartida es que nos priva de datos que pueden resultar fundamentales para una comprensión más global de la situación.
  • Distorsión: La distorsión es una representación de la realidad valorando la misma desde unos parámetros erróneos que sólo existen en nuestra comprensión interna. La distorsión puede llevarte a obtener una visión diferente de la realidad, lo que se traduce en ver y experimentar el mundo de un modo muy diferente al de otras personas. Esto puede abrir nuevas posibilidades para ti, y también puede llevarte a entrar en conflicto con las interpretaciones de otros. También distorsionamos cuando magnificamos los recuerdos y cuando hacemos proyectos para el futuro, y es un mecanismo que nos permite motivarnos y entusiasmarnos con algo o con alguien.
  • Generalización: La mente toma la información de un evento y asume que experiencias similares tienen interpretaciones similares. Este filtro consiste fundamentalmente en equiparar a todos los miembros de una categoría (ej: Todos los hombres son iguales). Es uno de los procesos básicos del aprendizaje, ya que nos permite extender una conclusión a otras situaciones equiparables. Por ejemplo, una vez que hemos aprendido a abrir una puerta estamos en disposición de abrir la inmensa mayoría de ellas. El inconveniente es que, una vez hemos sacado una conclusión sobre algo, tendemos a reinterpretar de la misma manera, lo que nos impide obtener nuevas percepciones sobre un mismo tema.

La información que omitimos, distorsionamos y generalizamos depende de nuestras creencias, valores, lenguaje, decisiones, recuerdos y meta programas. Este segundo juego de filtros se denominan “Filtros adquiridos”, en contraposición a los anteriores, denominados “Filtros genéticos neuronales”.

Veamos ahora en detalle los distintos tipos de filtros adquiridos.


Creencias

Las creencias son convicciones personales de que determinadas cosas son ciertas o reales. También son una serie de generalizaciones y presuposiciones sobre el mundo. Las creencias pueden generar en nosotros estados de capacitación o de minusvalía. Si por ejemplo creemos que somos incapaces de hacer algo, entonces no buscaremos la oportunidad de hacerlo. Gran parte de los miedos suelen estar protegidos por una creencia que los perpetúa.

Supón que tienes la siguiente creencia sobre ti mismo: “No hago nada bien”. ¿Cómo reaccionas si alguien se te acerca en el trabajo y te hace un cumplido sobre la calidad del mismo? Dependiendo de las circunstancias, puedes ignorarlo, descartarlo o rechazarlo. Internamente puedes pensar que no han mirado tu trabajo en detalle, y que cuando lo hagan encontrarán algo mal y cambiarán su opinión sobre la calidad del mismo. Imagina que durante el día la gente te dice que has hecho un gran trabajo. ¿Realmente les escuchas? Si ya tienes programas negativos corriendo en tu mente, entonces es muy posible que no lo hagas. Y entonces viene alguien y te dice que has cometido una falta ortográfica en la página 9. ¿Es posible que este único comentario negativo resuene en tu interior y te permita verificar tu creencia negativa sobre ti mismo? Si así sucede, desde una perspectiva de filtros mentales, has omitido y distorsionado el feedback positivo y te has centrado en el negativo.

Es importante que te preguntes qué creencias tienes sobre ti mismo, sobre otros y sobre el mundo. Estas creencias pueden estar limitando quién puedes ser y lo que puedes conseguir. En contrapartida, ¿qué creencias posees que abren oportunidades para ti en casos en que otros se quedan bloqueados? Es decir, ¿cuáles serían tus creencias capacitantes?

Un ejemplo de algo que sucede a menudo tiene que ver con la manera en que ves a otras personas. Si crees que tu jefe es un incompetente, ¿qué es lo que comentas y recuerdas con tus compañeros de trabajo? ¿Las veces en que tu jefe cometió un error o las ocasiones en que hizo algo realmente bien? Si tienes una visión negativa preconcebida, es posible que sólo recuerdes sus errores.


Lenguaje (palabras)

La manera en que utilizamos el lenguaje para expresar nuestras experiencias internas a otros o para comunicarnos con nosotros mismos es de una importancia capital. Después de todo, las palabras son las unidades de información con las que describimos el mundo al comunicarnos hacia fuera y hacia dentro. En ambas direcciones, debemos pues ser extremadamente cautelosos al escoger las palabras, y debemos ser también conscientes de que cada persona tiene un significado concreto para cada palabra. La comunicación es un proceso ambiguo y delicado, y es muy importante saberlo

Puedes, por ejemplo, elegir simplificar o distorsionar la interacción entre tú y tu pareja refiriéndote a esta interacción como “nuestra relación”. Al hacer esto, reduces algo extraordinariamente complejo a una etiqueta o código que representa tu interpretación de algo. Puedes hacer una prueba y tomar a un grupo de personas y pedirles que describan en cinco palabras lo que significa para ellos una “relación”. Es altamente probable que no haya nadie en el grupo que use las mismas cinco palabras que tú. Es incluso probable que, como grupo, ni siquiera tengáis un sustantivo en común. La palabra “relación” es un código de lo que significa una relación para ti y sólo para ti. Es probable que tu pareja tenga una descripción de la palabra completamente diferente a la tuya, y sin embargo a menudo tenemos acaloradas discusiones sobre “nuestra relación” con otras personas sin haber siquiera definido lo que una relación significa para cada uno de nosotros. Si tienes un problema con tu pareja, cuando lo discutas la próxima vez quizá te resulte conveniente preguntar “¿Cómo me estoy relacionando contigo de una manera que no está funcionando o que no te resulta de ayuda?”. También puedes preguntar, “De lo que hago, ¿qué está funcionando?”. Pueden parecer preguntas estúpidas, y puede que te sientas estúpido al formularlas, pero sin duda esas cuestiones traerán de vuelta algunos asuntos de verdadera sustancia sobre los que ambos podréis trabajar.


Expectativas

Las expectativas son ideas preconcebidas sobre el resultado que vamos a obtener al iniciar una acción. Son creadas generalizando a partir de resultados que obtuvimos en experiencias previas similares. Las expectativas tienen la función importante de orientarnos a la hora de lograr un resultado determinado, y también las utilizamos para dejar de hacer algo porque “ya sabemos lo que va a suceder”.

Si quieres abrir una puerta, lo haces sin pensar: tomas el pomo, lo giras, empujas o tiras y la puerta se abre. No necesitas revisar la mecánica del proceso completo cada vez que quieres abrir una puerta. Este tipo de generalizaciones son muy útiles, aunque también pueden meternos en problemas. En un experimento, los experimentadores pusieron el pomo de una puerta en el mismo lado que la bisagra y después llenaron la habitación con adultos. Cuando éstos trataron de abandonar la habitación, intentaron abrir la puerta y concluyeron que ésta estaba cerrada con llave, con lo que quedaron atrapados en la habitación. Por otra parte, repitiendo el experimento con niños, que todavía no han hecho la generalización sobre cómo abrir una puerta, simplemente llegaron a ella, la empujaron y salieron de la habitación. Los adultos, a consecuencia de sus interpretaciones, crearon una realidad en la que estaban encerrados en la habitación, cuando lo cierto es que no lo estaban.

A menudo, a causa de nuestras expectativas sobre lo que ha de suceder, creamos una realidad en la que nos sentimos atrapados. ¿Cuántas de tus generalizaciones o expectativas sobre tu pareja, tu jefe, tus circunstancias en el trabajo, o sobre el mundo en general, te dejan “atrapado” cuando otras personas están abiertas a otras ideas o comportamientos?


Representaciones internas

¿Recuerdas tu desayuno de esta mañana? ¿Cómo lo recuerdas? ¿Ves una imagen en tu mente? ¿Es estática? ¿Está en movimiento? ¿Hay sonidos, olores o sabores en tu recuerdo?

Para recordar un acontecimiento, tu mente emplea imágenes, sonidos, sensaciones, sabores, olores y palabras. Estas percepciones del “mundo exterior” se llaman en PNL representaciones internas, y se crean en función de tus filtros mentales. Tus percepciones son lo que consideras “real” o, en otras palabras, tu realidad.

Si tú y yo desayunamos juntos, nuestras representaciones internas o la percepción del evento serán probablemente similares en unos aspectos y diferentes en otros, dependiendo de lo que sea relevante o irrelevante para cada uno de nosotros. El desayuno no es un tema especialmente crítico, pero ¿qué hay de nuestra percepción de asuntos políticos o nuestra interpretación de eventos mundiales? Dependiendo de nuestra historia personal, podemos percibir estos acontecimientos de maneras muy diferentes, lo que llevará a reacciones o comportamientos extremadamente dispares.


Recapitulación

¿Alguna vez has ido con un amigo al cine, os habéis sentado uno junto al otro, habéis visto exactamente la misma película, pero uno pensó que era la mejor película del mundo y el otro pensó que era una pérdida de tiempo? ¿Cómo puede suceder eso? Es muy sencillo. Tú y tu amigo filtrasteis la información de una manera diferente, empleando para ello diferentes creencias, valores y expectativas. Basándoos en vuestras creencias y en experiencias pasadas, cada uno de vosotros ha percibido la película de una manera completamente diferente, y mostráis por tanto diferentes reacciones ante ella.

Los filtros mentales existen para protegernos de varias maneras. A partir de tu propia percepción del mundo, creas una intención positiva, aunque el valor de esta intención puede no ser obvio o siquiera lógico desde la perspectiva de otra persona. Una mejor comprensión de los filtros ayuda a explicar por qué no todo el mundo experimenta el mundo de la misma manera, ni desea lo mismo de la vida, ni reacciona del mismo modo ante un suceso determinado. Esto no quiere decir que algunos de nosotros tengamos razón y otros estén equivocados; simplemente significa que vemos las cosas de manera diferente.

Puede que encuentres interesante considerar el origen de tus filtros. ¿Quién puso esos filtros en su lugar? Recuerda a la persona que instaló tus hábitos, estrategias y generalizaciones en primer lugar. Efectivamente, fuiste tú. Escogiste esos filtros en función de lo que sucedía en tu familia mientras crecías, las enseñanzas de la religión (o la ausencia de ella), las creencias y los valores de la parte del país en la que vives, de tu propia cultura, y de las interpretaciones que hiciste del mundo (por ejemplo, es un sitio amable o peligroso en el que vivir). Si tus filtros no están creando los resultados que deseas, tú eres la única persona que puede cambiarlos. El primer paso es ser consciente de la existencia de estos filtros y de la realidad que están creando para ti.